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El metabolismo del alcohol, el gen ALDH y la sensibilidad a las bebidas alcohólicas

Aunque aceptado socialmente, el alcohol es una substancia tóxica cuya ingesta excesiva puede ocasionar problemas de salud, a corto y a largo plazo. Después de ser ingerido, aproximadamente un 20% del alcohol etílico o etanol (la forma más comúnmente consumida) es absorbido por el estomago y el 80% por el intestino delgado. A pesar de que, anatómicamente, el contenido ingerido llega antes al estómago, la absorción del etanol por el intestino es más rápida. Así pues, la presencia de comida en el estómago retarda el vaciamiento gástrico, la llegada del etanol al intestino y, por lo tanto, menor es su velocidad de absorción. De ahí la importancia de las comidas antes de la ingesta de bebidas alcohólicas.

La velocidad de absorción es un factor determinante de la intensidad y durabilidad de los efectos negativos del etanol en nuestro organismo. A mayor velocidad, mayor es el pico de concentración en sangre y peores efectos se desencadenan. Una vez absorbido, el etanol se reparte por el torrente sanguíneo llegando a órganos y tejidos, y afectando sobre todo a neuronas e hígado.

La eliminación del etanol: una tarea dura para el hígado.

Una pequeña parte del etanol consumido (5-10%) es excretada por orina, sudor o respiración, mientras que la mayor parte es metabolizada en el hígado mediante reacciones llevadas a cabo por las enzimas Alcohol deshidrogenasa y aldehído deshidrogenasa, codificadas por los genes ADH y ALDH respectivamente. El ADH interviene en la principal reacción del metabolismo del alcohol convirtiendo el etanol a acetaldehído que es el compuesto muy tóxico, responsable de ciertos efectos negativos del alcohol en el cerebro (resaca, cambios de comportamiento y daño neuronal), en el hígado (cirrosis y efectos cancerígenos) y su acumulación se asocia a mayor riesgo de padecer problemas cardiovasculares.

Así pues, la producción de acetaldehído es proporcional a la ingesta de etanol y sus efectos, aunque por suerte nuestra, el hígado cuenta con dos enzimas (1 y 2) que convierten el acetaldehído en acetato, que puede ser metabolizado y convertido en grasa o en cuerpos cetónicos.

Los genes ALDH, clave para la eliminación del etanol y la atenuación de sus efectos.

En este contexto, la actividad de las ALDH es clave para evitar la acumulación de acetaldehído y acortar la duración de los efectos no deseados del alcohol. De hecho, es conocido que los asiáticos son propensos a una mayor sensibilidad al alcohol (padecimiento de resacas graves y sonrojo facial frecuente) y al alcoholismo crónico, lo que se relaciona con una menor expresión/actividad del gen ALDH2 en esta etnia. En concreto, se calcula que un 50% de la población asiática carece de ALDH2 en la mitocondria (un orgánulo vital para nuestro metabolismo), mientras que los europeos presentan, a parte de esta forma mitocondrial, otra forma ALDH2 en el citoplasma (el medio que rellena nuestras células) lo que permite un refinamiento más rápido del acetaldehído.

Factores genéticos y la sensibilidad al alcohol

La genética también juega un papel clave en la expresión del gen ALDH2: la presencia del alelo A, en lugar de una G en la posición rs671 del gen ALDH2, provoca un cambio de aminoácido de Glutamina a Lisina en la posición 504 de la proteína. Este cambio en la secuencia proteica se asocia a menor eficacia para convertir el acetaldehído en acetato y una consecuente mayor acumulación de este producto tóxico. Por lo tanto, los portadores de la variante A, también más frecuente en poblaciones orientales, son más propensos a padecer los efectos perjudiciales del alcohol y las alteraciones crónicas asociadas al consumo de esta substancia, como enfermedades cardiovasculares, cáncer o Alzheimer.

El conocimiento de nuestra genética, clave para evitar riesgos para la salud

En este contexto, se muestra una vez más la importancia de conocer nuestras características genéticas para evitar riesgos en nuestra salud. En este caso específico, el análisis de variantes en ALDH2 nos permite conocer nuestro riesgo de padecer los efectos no deseados del alcohol y, aunque el consumo de bebidas alcohólicas debe de ser siempre moderado y esporádico, adaptar su ingesta a nuestras particularidades genéticas.

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